Un grupo de soldados alemanes posa en el País Vasco francés.

El espía alavés que acabó en Buchenwald

HISTORIAS PERDIDAS DE ÁLAVA 14/03/2017 00:16 |0

El nacionalista Ambrosio San Vicente huyó de Vitoria al comienzo de la Guerra Civil, trabajó como espía de la red francobelga Comète y acabó deportado a los campos de concentración nazis

El pasado 26 de febrero EL CORREO publicaba un amplio reportaje sobre los once alaveses deportados a los campos de concentración de la Alemania nazi. El artículo se centraba en la vida de Atanasio Gutiérrez, un empleado de la Telefónica de origen madrileño casado con una vitoriana. Sus cartas desde Francia y Alemania antes de ser asesinado en Gusen en 1941 son conmovedoras. Un testimonio terrible, que la familia guarda como un tesoro, en el que nunca se cita el posible destino. No lo esperaba.

Entre los diez deportados hay uno con una biografía excepcional. No murió finalmente y afortunadamente fue liberado en 1945. Se trata de Ambrosio San Vicente. Gracias a una carta enviada por su hija Elena San Vicente, que vive en San Sebastián, a la asociación cultural Landazuri, que se había hecho eco de la deportación alavesa, pudimos conocer una apasionante vida.

Ambrosio San Vicente, de pie en el centro de la imagen, junto a otros miembros de la Red Comète.

En un artículo de la revista Landazuri se puede leer lo siguiente: «Ambrosio San Vicente nació en Vitoria en 1902, hijo de Hilarión San Vicente, propietario de una sobresaliente empresa de construcción, con unos amplios locales en el número 14 de la calle Manuel Iradier. Para hacerse idea de esta importancia bastará con decir que tuvo hasta cien obreros y que entre las obras que levantaron están el palacio de Augusti-Zulueta (actualmente Museo de Bellas Artes, 1912), el palacio de Ajuria Enea (hoy residencia del lehendakari, 1918), algunos chalés del mismo paseo de Fray Francisco y las famosas casas de la contigua calle Elvira Zulueta, que también mandó construir Augusti.

Ambrosio, nacionalista vasco, fue miembro del Araba buru batzar durante la República y sucedió a su padre al frente de la empresa. Al estallar la Guerra Civil, primero los falangistas y después los requetés fueron a buscarle, pero pudo esconderse. La empresa fue incautada, lo mismo que la casa con todos los muebles y otros bienes, entre ellos una rica biblioteca vasca. Huido con la familia a Bilbao y después al País Vasco francés, Ambrosio, al comenzar la Segunda Guerra Mundial, colaboró con los aliados, y en particular en la famosa Red Comète que se ocupaba de pasar a España, con identidades falsas, a aviadores que caían sobre los países ocupados por el ejército alemán, así como otras personas que corrían peligro. Concretamente, San Vicente colaboraba como guía en la zona vascofrancesa vigilando la carretera de Urrugne y alojando a los aviadores en su casa tras recogerlos en Bayona.

Organización franco-belga

Estas actividades clandestinas produjeron su detención por las autoridades nazis, el 17 de junio de 1943. Entre los campos de concentración que Ambrosio San Vicente conoció están Buchenwald y Flossenburg. En el momento de su liberación, en otro campo que los alemanes tenían en Checoslovaquia, San Vicente estaba en unas condiciones pésimas de salud. Parece increíble que sobreviviera a tantas penalidades. Cuatro de sus compañeros no salieron de aquel horror. Murió en San Juan de Luz en 1971 y allí está enterrado.

La red «Comète» fue una organización franco-belga que nació en Bruselas en 1940 con la finalidad de evacuar a los combatientes aliados perseguidos por los nazis. Su objetivo era ponerlos a salvo conduciéndolos, con la ayuda de las embajadas y servicios aliados en España, hasta Gibraltar. La meta final, tras atravesar la Europa ocupada, era el País Vasco, lugar elegido para el paso, generalmente a través del Bidasoa. Aquí, un grupo de vascos de ambos lados de la frontera colaboraron activamente en esta etapa final de su peligroso viaje.

El memorial de la deportación española en los campos de concentración nazis da por muerto a Ambrosio San Vicente en el campo de Flossenbürg a la edad de 42 años. Algo que los datos recogidos después por los historiadores y la familia desmienten.

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