La capital alavesa estrenó hace más de un lustro el contenedor marrón.

La mitad de la basura que se tira al contenedor gris en Álava debería ir al marrón

20/03/2017 00:25 |0

La Diputación promoverá la separación de estos residuos, sobre todo alimentos, por la zona rural con la instalación de depósitos específicos y el compostaje

Álava tiene una cuenta pendiente en la recogida selectiva de residuos. Con la lección aprendida en la separación de vidrio, papel y plástico le falta por dar un paso adelante en el uso del contenedor marrón, destinado a los restos orgánicos, cuya presencia en el territorio -con la excepción de la capital- resulta casi testimonial. A ese depósito debería ir casi la mitad (en concreto, el 46,98%) de los residuos que se echan hoy en el cubo gris, ese ‘cajón desastre’ donde por desconocimiento o comodidad acaba gran parte de la basura que se genera en casa y comercios. El fomento del reciclaje de estos desechos -fundamentalmente alimentos y restos de poda y jardinería- aparece precisamente como uno de los objetivos del Plan de Prevención y Gestión de Residuos 2017-2030 que la institución foral presentará en las próximas semanas.

Incorporar la separación de los residuos orgánicos a la rutina diaria de los alaveses es el reto que se quiere abordar «con premura, este mismo año», se propone el diputado de Medio Ambiente y Urbanismo, Josean Galera. La mirada se dirige hacia los núcleos rurales ya que en Vitoria, donde la gestión de este asunto corresponde a su Ayuntamiento, la implantación del contenedor marrón arrancó hace más de un lustro hasta sumar hoy 527 unidades repartidas por todos los barrios. En ellas se recogieron el pasado año un total de 1.952 toneladas de esta basura. El reciclaje de este tipo de restos en los pueblos pasa por la colocación de depósitos específicos en sus calles y del impulso del compostaje, tanto individual en viviendas unifamiliares con parcela como comunitario, para su conversión en abono vegetal.

Las experiencias desarrolladas en esta línea en el territorio son contadas aunque, indica Galera, «estamos trabajando de forma conjunta con las cuadrillas para lograr ampliar el reciclaje de esta fracción». Los últimos datos advierten del trato no diferenciado que reciben los restos orgánicos en la provincia con la excepción de Ayala (656.275 kilos recogidos en un año) y la Llanada Alavesa (226.773). En el primer punto disponen de contenedores marrones en algunas zonas así como para los denominados grandes generadores de desechos -por ejemplo, pescaderías- con depósitos propios para la posterior recogida ‘puerta a puerta’ de su basura. En el otro rincón carecen de cubos específicos, pero destaca su apuesta por los compostadores domésticos -una caja en las casas con parcela- y domiciliarios -con carácter comunitario en las viviendas donde no hay parcela-. En ambos casos, eso sí, el grueso de los residuos separados procedía de la poda y la jardinería.

El ejemplo de Elburgo

Sin embargo, si se analiza lo que los alaveses tiran de forma errónea al contenedor gris se ve que la mayoría corresponde a restos de comida ya cocinada (el 78%) con una presencia mínima de elementos vegetales (12%) y alimentos no preparados (10%). «Álava tiene unas características excepcionales que nos permiten incorporar esta fracción, la orgánica, en la separación y reciclaje. Es una oportunidad que no vamos a desaprovechar», sostiene el titular foral de Medio Ambiente y Urbanismo con la vista puesta en el plan de residuos que funcionará en el territorio durante los próximos tres lustros y que intentará reducir también esos porcentajes. En Elburgo, por ejemplo, se pusieron manos a la obra hace varios años hasta convertirse hoy en uno de los dos socios vascos -el otro es Hernani, en Gipuzkoa- del movimiento ‘Composta en red’. En 2006 activó el proyecto piloto de compostaje comunitario con un balance de 212,4 toneladas recogidas y en 2014 aprobó una ordenanza con bonificaciones en la tasa de basuras a los hogares que realizaran un adecuado reciclaje.

El caso de este municipio es aislado pero la Diputación alavesa quiere extender esa conciencia en el tratamiento de los restos orgánicos, cuya separación comienza por hacerse con unas bolsas especiales -elaboradas a base de productos como almidón de maíz o de patata y biodegradables en un corto espacio de tiempo- donde depositar los residuos. «Incorporar esta fracción de todo el territorio es un paso muy importante para la economía circular», asume Galera.

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