El hundimiento de un tejado deja a una familia en la calle por Reyes

06/01/2017 19:48 |0

Un matrimonio bilbaíno se vio ayer obligado a abandonar su vivienda por este motivo y hasta el lunes no sabrán si el edificio será derribado

El sol que acariciaba ayer los tejados de Masustegi dejaba una bella estampa invernal que, sin embargo, se quebraba en el número 197 del barrio bilbaíno. Allí, Javier Alonso, natural de San Ignacio, observaba apesadumbrado el tejado hundido de la vivienda que compró junto a su mujer Mari Carmen en 2003, con la incertidumbre de no saber si podrá regresar al que hasta ayer era su hogar. «Hemos salido de casa a las ocho de la mañana y media hora después una vecina ha llamado a mi mujer para decir que se había desplomado el tejado», lamentaba.

Tras el regreso apresurado se encontró la vivienda precintada rodeada por un grupo de bomberos, policía municipal y asistentes del Ayuntamiento. A pesar de la sensación de vulnerabilidad y frustración, lo cierto es que la situación no ha sorprendido en exceso a la pareja, cuya casa se encuentra integrada en un edificio compuesto por tres viviendas anexionadas. La superior y la inferior pertenecían a un matrimonio de ancianos sin descendencia que falleció hace una década.

Según Javier, los herederos no quisieron hacerse cargo y la casa ha ido deteriorándose ante su impotencia. «Cuando el matrimonio aún vivía, la casa estaba decente. Los problemas vinieron después». Y a la degradación arquitectónica se sumaron las dificultades económicas que han golpeado a Javier y su mujer en los últimos años. En 2012, apenas unos meses después del alto el fuego de ETA, Javier perdió su trabajo como escolta. Tras ello y en plena crisis, fue encadenando temporadas desocupado con empleos precarios, que no bastaban para encarar los gastos necesarios para rehabilitar el edificio.

«Durante los casi cuatro años que he estado en el paro hemos ido retejando y arreglando lo que hemos podido. Pero al final se ha caído». El tejado era el punto débil. Arreglarlo costaba 35.000 euros. «A mí me tocaba asumir un tercio. Pero estando en el paro, ¿cómo podía hacer frente a ese gasto?», lamenta.

Asegura que se puso en contacto con el Consistorio bilbaíno porque, dado que «ya ha pasado tiempo desde que murió el matrimonio», confiaba en que las dos viviendas anexas hubiesen pasado a titularidad pública y pudiesen dividir los gastos derivados del arreglo del techo del inmueble con la Administración. Según sostiene, recibió una respuesta negativa. Ante la falta de alternativas, se quedaron en el inmueble a pesar del riesgo existente.

Impotencia

Ayer, mientras se dirigía a su coche, donde se apilaban los bienes de primera necesidad que la pareja había logrado recoger antes de dirigirse al hotel en el que el Ayuntamiento les ha realojado por unos días, Javier aseguraba sentirse «realmente impotente y completamente desprotegido» ante la falta de atención institucional los meses previos al derrumbe y la incertidumbre sobre su residencia futura.

Una sensación de desasosiego que se hace más palpable si cabe en estas fechas navideñas tan ligadas al hogar. De hecho, según confirmaban ayer desde el Ayuntamiento bilbaíno, al protocolo de realojamiento que sigue el Consistorio en estos casos se le ha añadido un día más, por encontrarnos en días festivos. Así, el matrimonio dispondrá de refugio hasta el lunes, cuando, según explicaba Javier, bomberos y técnicos de urbanismo determinarán si el edificio se rehabilita o se derriba. Ese mismo día tienen concertada una entrevista con el servicio social de base del distrito de Basurto. Allí esperan recibir asesoramiento y lograr dilucidar cuál será su futuro. «Alguna solución nos tendrán que dar».

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