Cabalgando por la ría

EL PISCOLABIS 14/01/2017 01:08 |0

El caballito de mar siempre fue un ser con aire mitológico. Quizá por eso ha decidido vivir en nuestras resucitadas aguas y asomarse a sus orillas

Ha pasado un mes desde que surgió de las aguas y se dio a conocer. Fue el pasado diciembre cuando hombre y caballito se encontraron. Y al hacerlo mostraron al mundo en quince segundos y sin muchas palabras que la ría vuelve por sus fueros. Poco a poco. Pero aquí está la prueba. De ahí que el caballito cabalgue orgulloso por ella. Quizá han visto la imagen. En caso contrario les animamos a que echen un ojo al vídeo que nos acompaña. Y, luego, seguimos.

El hombre que sostiene en sus manos al hipocampus se llama Eduardo Mateo Blázquez León. Pescador que conoce bien la lengua de agua que separa las dos viejas orillas y lo que habita en ella. Por eso no se sorprendió al descubrir algo así al final de su anzuelo.-Hace unos años se encontraron dos a la altura del Puente Colgante-advierte, restando importancia a su hallazgo. Pero lo tiene. Y mucho. No deja de ser una atinada metáfora de esta vida cambiante. Donde la naturaleza se abre siempre paso, a poco que la dejemos respirar. Cierto que también lleva noticia triste. La del adiós a una época de hierro y fuego a la que tanto debemos. Fueron días grises con olor a chimenea industrial, pero no seríamos quienes somos sin aquél ayer de Altos Hornos y llamas al cielo. Pero todo eso no le importa al caballito. Ni a sus paisanos, caso de que haya otros. Porque viven como mucho tres años. Así que no estaba ni en proyecto cuando empezaron a limpiarse las aguas y vimos la única cara amable de la reconversión. Por tanto hablamos de una nueva generación bajo el agua. La misma que se asoma, desde fuera y a ella, agarrada a mano de abuelo para ver una ría que intenta ser lo que fue. Explicar a un niño que hubo un tiempo donde bajaba de todos los colores menos los esperados, es tan difícil como entender qué verá un caballito en un lugar como éste, que no hace mucho parecía sacado de Blade Runner. Lo que nunca impidió, eso sí, que mantuviera algo de pulso. Algo que saben bien en la asociación a la que pertenece Eduardo. La Sociedad de Caza y Pesca del Valle de Trápaga.

-Siempre ha habido fauna ahí abajo. Pero cada vez hay más-. Quienes nos dejan esta sentencia son Roberto Ribas y Jorge Pérez Tadeo. Presidente y Tesorero de la sociedad mencionada y amantes de ese legado al que demasiadas veces dimos la espalda.-Hacemos actividades relacionadas con la ría y lo cierto es que la experiencia resulta gratificante-subrayan con conocimiento de causa. De hecho, cuando apareció el caballito estaban celebrando uno de sus concursos y Eduardo se había apostado en la dársena de 'La Benedicta' en Sestao. Lo señalamos para que se ubiquen y calculen hasta dónde 'cabalgó' el equino marino. Teniendo en cuenta que sus movimientos se limitan a muy pocos metros cuadrados, sobre todo si son machos, parece que hablamos de su residencia habitual. Pero algo vio en el anzuelo de Eduardo, porque lo eligió para salir fuera. O se despistó por aquello de que volver a lo cotidiano tras las navidades nunca fue fácil. Sea como fuere, Jorge estuvo hábil y lo grabó. Y terminada la escena lo devolvieron a la ría en perfecto estado. Lo subrayamos, porque siempre hay gente que pone el grito en el cielo con juicios precipitados. Añadiremos que muchos de los socios de la sociedad, practican el 'captura y suelta' y saben cómo actuar en estos casos.

Llegados aquí, queremos regresar al pequeño caballo. Como sé lo mismo de ellos que de física cuántica, desconozco sexo, edad y especie. Una pena. Tendría su aquél saberlo. Porque el macho incuba los huevos durante tres semanas. Y cuentan que no son dados a hacer maletas. Así que podríamos asegurar que es alguien 'de la Ría de toda la vida'. Corta, como decíamos, pero es un vivir. Y parece que no le va mal. Se le ve lustroso. O lustrosa. Y elegante. Sí, ya sabemos que es apreciación subjetiva. Pero no podemos remediarlo. Le hemos cogido cariño. Casi dan ganas de bautizarle. O de ponerle mote simpático, como se hace con los amigos. Y puestos, preguntarle por su día a día. Si vive de alquiler o paga hipoteca, si tiene pareja o es alma libre, si hay larvas ricas a esa altura o pica entre horas...lo normal en un caballito. A cambio, podemos contarle cómo era antes ese mundo que habita. Y así sabrá que los animales de dos patas que habitan en la orilla ya surcaban estas aguas hace siglos. Primero para pescar. Luego para transportar o viajar tanto cerca como lejos. Hasta que alguien descubrió riquezas en forma de mineral. Y de aquellas extracciones llegaron muchos lodos. No es así el refrán, pero nos entenderá. Como también podrá imaginar la posterior evolución. Y así, poco a poco, podremos contárselo todo. Incluido los días de gabarras cargadas de títulos y copas. Cuando los hombres que domaban el hierro saludaban a los mitos del balón desde las grúas y los hornos para demostrar que, en algunos asuntos, siempre fuimos uno. Quizá entonces el caballito entienda mejor el extraño lugar en que nació. Un viejo rincón de Europa que siempre supo lo que es reinventarse. Algo que conoce nuestra ría como nadie.

Solo quienes se quedan en la superficie desconocen los misterios que hay en su fondo. No es el caso de Roberto, Eduardo y Jorge. Uno habita en los incipientes sesenta, otro en los cincuenta y el último en los cuarenta. Tres generaciones que saben, por conocimiento o por escucharlo a sus mayores, que hubo un tiempo en que la ría era destino de bañistas y universo de muchas especies. Por suerte el tiempo se empeña en recordarlo, hasta hacerlo actual. Y más rápido de lo que imaginábamos. No pongan esa cara. Cierto amigo me contaba que se bañó no hace mucho en la ría, por aquello de un acto benéfico, y que estaba más limpia de lo que imaginaba. Lo hizo frente al ayuntamiento. Detalle que dice mucho del cambio experimentado. Aunque queda trabajo. Quizá algún día volvamos a ser lo que fuimos. Mientras tanto, no queda otra que seguir mirando hacia las aguas que van y vienen, a veces dulce a veces salada. Al menos gentes como las de la Sociedad de Caza y Pesca del Valle de Trápaga lo hacen con buen ojo y mejor tino. Y quieren compartirlo. Por eso nos han regalado una imagen cargada de mensaje. El que cabalga a lomos de un caballito que ya no será de mar...sino de ría. La nuestra. La que siempre estuvo ahí aunque, de tanto despreciarla, olvidamos verla.

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