Francis Díez lleva 30 años sobre los escenarios.

«En mi primer concierto me quedé totalmente en blanco»

05/01/2017 07:07 |0

Doctor Deseo afronta hoy su último concierto de la gira. «Será un fiestón con muchos invitados», adelanta Francis Díez, que reconoce que no actuarán más hasta 2018

«Si estás de continuo subido a un escenario, llega un momento en el que desconectas de la realidad», reconoce Francia Díez. Al cantante de Doctor Deseo la vocación musical le vino muy tarde. Le habría gustado ser saxofonista, pero nunca se imaginó cogiendo un micrófono. Ahora lleva 30 años sin soltarlo. La banda bilbaína se despide por un tiempo del público con un concierto con el que esperan no dejar indiferente a nadie. Juegan en casa, en la sala Santana 27, y dispuestos a hacer que la noche de Reyes sea aún más especial. «Tenemos la sala alquilada hasta las seis de la mañana, así que habrá música para rato», advierte sin ocultar cierto nerviosismo. Empezaron hace varias semanas con los ensayos.

Su último concierto, pero ¿hasta cuándo?

Hasta el 2018 en principio. Estaremos currando un año para el nuevo disco y lo que tardemos en hacerlo. En marzo o así volveremos, pero nunca nos hemos marcado fechas. Y quizás hagamos alguna colaboración o temas benéficos puntuales.

¿Pesan más las ganas de descansar o las de seguir tocando?

Si por nosotros fuera, estaríamos tocando el máximo de tiempo. Más bien es un agarrarse de las orejas y decir 'hay que parar'. Lo hacemos para desconectar y evolucionar un poco como personas al margen de los escenarios para poder generar algo nuevo. Si estás de continuo subido en un escenario llega un momento en el que desconectas de la realidad. Es un ejercicio saludable. Por una parte nos apetece mucho el concierto porque va a ser muy especial, pero por otra nos da penita porque es el último de la temporada. Hay mucha emoción.

¿En esa etapa tiene mono de tocar?

Es la etapa más dura. Cada vez que vas a ver un concierto quieres subirte al escenario y es el momento en el que tienes que pensar en parir algo nuevo. Aunque siempre llevas ya dándole vueltas a algo diferente, estos procesos siempre cuestan. Sobre todo arrancar. Hay que darle una vuelta de tuerca más a la historia, intentar aportar algo, evolucionar dentro de tu camino. Y es necesario evolucionar como personas para evolucionar como músicos.

¿Cómo fue su primer concierto?

Ya habíamos hecho alguna prueba con amigos porque yo no había subido jamás a un escenario y eso que tenía 28 años. Fue en el Gaueko. Hicimos una intro de una canción con toques fronterizos mejicanos y recuerdo que en el momento en el que tuve que entrar me quede absolutamente en blanco. Moví la muñeca y el dedo para que el grupo siguiese a ver si se me ocurría por dónde empezar y durante no sé cuánto tiempo, que serían unos segundos que se me hicieron eternos, pensé que aquello se había acabado y que yo no servía para semejante cosa.

¿Cómo salió de aquello?

Me agaché a los pedales de la guitarra como para ver si me venía la inspiración divina y me vino. Pasé un agobio tremendo en el que pensé ‘aquí se ha acabado. Primera y última vez que me subo a un escenario’. Y a partir de ahí sí que noté que disfrutaba de una forma especial y que tenía cierta capacidad de conectar.

¿Se ha vuelto a quedar en blanco?

Muchas (risas). Cuando vives las canciones muy fuerte emocionalmente hay momentos en los que cuesta pasar de una canción a otra. Hace no mucho que estaba cantando ‘Abrázame’ y salí con tal descoloque emocional que no sabía en qué parte del concierto estaba. Y no había bebido ni nada. Pasé por donde Jose, el bajista, y le dije '¿qué canción toca ahora?'. Me dijo que mirara la lista pero es que no sabía en qué parte del concierto estaba. En realidad, todos estos momentos que te ocurren a veces, que te quedas en blanco porque estás metido en una emoción muy fuerte, duran unos instantes. Pero a ti te parece todo un mundo. Se te viene todo encima.

«La gira más bailonga»

¿Qué ha hecho especial a esta gira?

Ha habido momentos muy guapos. Estábamos muy contentos con cómo había salido este disco, que también había sido un paso adelante, algo distinto y diferente, pero nunca sabes cómo va a reaccionar la gente. Y ha sido una gira divertida porque ha sido más bailonga. Siempre tienes el miedo de qué pasará y cuando la respuesta es incluso mejor que la de la temporada pasada y viene gente nueva es un subidón increíble poder vivirlo. Cuando llevas un tiempo sin tocar y te subes al escenario, tienes la misma experiencia que cuando empezaste prácticamente solo que el background que llevas al tocar es muy grande.

Entonces, ¿le siguen temblando las piernas al subir al escenario?

Todavía tengo que pasar por el váter. En conciertos especiales incluso duermo un poco mal.

¿Siguen algún ritual previo?

Hacemos un ritual especial entre nosotros que es darnos un abrazo todos antes de salir para que desde el primer momento sepamos que estamos dentro. La cena que solemos hacer antes ya tiene algo de ritual. Ahí ya se palpa un poco la tensioncilla y piensas en los cambios de última hora. Estamos juntos, respiramos juntos, nos damos un abrazo uno por uno y todos nos subimos al escenario. De esta manera no ocurre lo de 'bah, para la cuarta canción ya le habremos cogido el punto'. No, no. Desde el momento en el que sales al escenario estás dentro ya y eso es muy importante. Es un ritual casi de transformación en el cual es importante dejar el ego abajo para que arriba ocurran cosas más importantes.

En esta gira las actuaciones más especiales han sido las del Kafe Antzokia de Bilbao. Este concierto será un paso más allá...

Bastante más allá, de hecho. Tenemos la sala alquilada hasta las seis de la mañana. Habrá bloques distintos donde se toquen canciones de forma diferente. Vendrá Carlos Jiménez, que es un gran pianista que toca en infinidad de grupos, para hacer que algunas versiones sean muy desnudas, con arreglos muy especiales de piano. En el bloque más dance, las Tea Party colaborarán con nosotros. Dentro de nuestro espectáculo, trabajarán sobre las bases que nosotros estemos poniendo. En mis juegos de improvisación tendremos al rapero Kloy. Dejaremos partes a la improvisación, pero habrá canciones a tres guitarras y dos bajos. Habrá sobre el escenario momentos muy guitarreros, momentos muy desnudos con el piano de Carlos Jiménez y voz y coros y, entre otros, estará Aiora Renteria (Zea Mays). Desde luego será un concierto para fans porque será largo.

«De niño me echaron del coro»

Tocan el 5 de enero. ¿Sigue viviendo este día con ilusión?

Me conecta con la infancia. Para mí desde muy pequeño era algo muy especial; me hace conectar con el niño que llevo dentro. Ya sabemos todo lo que hay detrás, el consumismo y todo ese tipo de cosas. Pero sí que me interesa el concepto de conectar con la infancia. Con ese niño que se ilusiona con cosas pequeñas, que es capaz de fantasear y de unas lucecitas o cualquier bobadita llevarlo a territorios alucinantes, de cuatro cositas hacer algo mágico y sentirse bien. En ese sentido conecto mucho con mi niño y además me alegro de que así sea.

¿Y ese Francis niño ya apuntaba maneras?

No. Para nada. Más bien todo lo contrario. Siempre me dijeron que de músico nada. Me echaron del coro y en el club en el que estaba era el que peor tocaba con diferencia. Me animé gracias a algunos cantantes como Dylan, que nunca siguieron los patrones y que cantaban bastante mal para lo que se suponía que tenía que ser los parámetros ortodoxos. De entrada jamás soñé este tipo de cosas ni quise ser artista.

Pues sí que ha cambiado el cuento...

Hay gente que quizás lo tenga muy claro desde niño. Pero normalmente es un proceso de tanteo en el cual por error acierto vas encontrando tu territorio. A mí me habría gustado ser saxofonista.

Las Tea Party tendrán un papel especialmente relevante...

Entrarán inmediatamente después de que acabemos como parte del concierto y como una continuación de la fiesta. Son dos de las djs más alucinantes de esta última temporada, con una capacidad de generar vidilla y fiesta impresionante. No va a haber casi interludio entre una cosa y la otra, intentaremos que vaya todo seguido.

La noche tendrá la ayuda de más djs que se encargarán de amenizar la espera. Aunque las puertas de la sala se abran a las once, las guitarras empezarán a sonar a medianoche. En Bilbao el fútbol es algo sagrado y esperaran a que acabe el partido del Athletic. «Saldremos cuando lleguen los últimos de San Mamés. Que la gente vaya al partido tranquilamente, que llegarán a tiempo», cuenta Díez. Hasta ese momento ellos aprovecharán para cenar todos juntos y tampoco niegan que tendrán un ojo puesto en la tele. «Yo no soy muy futbolero, pero estaré pendiente, por supuesto. No siempre se tiene la oportunidad de ganar al Barça...», dice con una sonrisa.

Entre todos crearán canciones en el formato normal y habrá canciones que antiguas que resulten «irreconocibles». «Intentaremos que sea un fiestón. La segunda será mucho más animada», adelanta el cantante. Han escogido un repertorio «con elementos de todo pelo». Recordarán canciones que hace mucho que no tocan. «Sonará lo que realmente nos apetezca».

Tres décadas sobre el escenario

Será el único concierto en un 2017 en el que la banda cumple 30 años

Sí, pero vamos, tampoco lo hemos contado. En la puñetera vida. Las compañías se encargan de hacer este tipo de cosas, nosotros no lo pensamos tanto. Dicen que el tiempo es caricia para el que nunca lo cuenta.

¿Da vértigo pensarlo?

El bajista, yo y una caja de ritmos que tenemos por ahí llevamos treinta años. Siempre hay momentos de reflexión. Por un lado estás agradecido. Nuestro oficio es superfrívolo en cuanto a duración. Ha desaparecido tanta gente por el camino que hace que sea un lujado poder llevar quince discos hechos y ver que las cosas funcionan como para poder seguir. Porque aquí empiezas a vender un poco menos, empieza a no haber respuesta por parte de la gente, no se renueva el público y desapareces. Es un período corto. La verdad es que es un lujazo y un agradecimiento. También esto implica cierta presión. Nuestro trabajo es inestable. Nada es perpetuo y nada se mantiene. Nosotros ahora mismo no somos los mismos. Eso espero. Que hayamos mejorado un poquito. Con el tiempo vas aprendiendo a vivir en la cuerda floja.

De hecho han ido ganando adeptos y ahora tienen fans que ni siquiera habían nacido cuando empezaron a tocar...

Incluso mujeres embarazadas, que a veces hemos tenido que habilitar un sitio especial porque venían muchas. Quieren que sus criaturas, ya desde la tripa, escuchen a Doctor Deseo. Produce una ilusión especial porque jamás piensas conectar con una u otra gente. En último término terminas hablando de ti mismo, pero también es verdad que es muy importante trabajar esa parte que es de uno mismo y es de cualquiera. Y ese es el territorio en el que se trabaja. Porque si no quedaría también muy egocéntrico, muy de cotilleo. Cuento las cosas que conozco, que son mías, pero que son mías y de cualquiera. Cualquier escritor trabaja así. En las emociones básicas coincidimos todos.

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