Ulysses, ayer en el Kafe Antzokia.

El factor ambiental

el bafle 13/01/2017 15:09 |0

Ulysses en el Kafe Antzokia y Sidecars en la Stage Live dieron dos buenos bolos de temperatura distinta, regulada por el calor del público

Dos buenos conciertos nos dio tiempo a ver el jueves en Bilbao. A las 8, en la sala superior del Kafe Antzokia, en una WOP Special Night (los bolos benéficos de la fundación Walk On Project que recaudan fondos para la investigación de enfermedades raras), ante solamente una treintena de espectadores (casi todos tíos, y la más cool y contenta Amaia, La Reina) los ingleses Ulysses (Bath, 2003) ejecutaron un repertorio impecable, variado, duro y bien arreglado con cierto aire de audición, pues pareció haber escasa interacción ante el respetable tan escaso como frío.

No obstante, todos los presentes disfrutaron del serio cancionero del cuarteto: 17 temas en 73 minutos, todos buenos, clásicos, bien traídos, con brillantes arreglos, coros casi constantes, guitarras carnosas, batería con pegada por los parches y panoplia estilística que abarcó desde el rock sudista hasta el glam.

Los sólidos Ulysses supieron mantener la firmeza mientras reconocíamos influencias o coincidencias con Kinks ('She', 'Smiling'), coros a lo ELO, Moody Blues y tal según Pato ('Oranges & Mary'), brit pop entre Supergrass y Kaiser Chiefs (‘April Showers’), el clasicismo impulsivo de los Jam (‘Law & Order’, título de su tercer disco) o de los Beatles (‘Everybody’s Strange’, ‘Dirty Weekend’), la explosividad power-pop y glamurosa de Redd Kross (‘Typical Scorpio’, ‘Mrs Drawnel’), ondas de los Raspberries según Tsustas (‘Come On This City’, la óptima de la velada y con dejes Thin Lizzy) y, por el epílogo, alguna prolongación en plan jam (¡una con guiño a Status Quo!) más un par de inflexiones vía Black Crowes.

«Más cañeros que en disco», diagnosticó Pato. No obstante, este bolo se llega a celebrar en finde, en sábado o viernes, y el calor habría hecho sudar a las paredes. Sin embrago, la escasa concurrencia quizá provocó que el ambiente no se caldeara, ni arriba ni abajo del tablado.

Sidecars en la Stage Live.

Mr. Duck

Luego, a las 9.30, bajando unas escaleras, en la cercana Sala Stage Live, los madrileños Sidecars, el grupo de Juancho Conejo, el hermano de Leiva y a la vez guitarrista de su banda, cosechaban satisfechos la mejor entrada de sus varias visitas a Bilbao. Habría más de 200 personas, con mayoría masculina, pues aunque abundaban las chicas éstas no alcanzaban la proporción de los bolos de Leiva, a pesar de que Juancho ofrece numerosas similitudes con su afamado hermano, con el que ha compartido cuarto durante muuuuchos años: la estética (barba, cabeza tapada con gorra, tatus, el ondearse con la guitarra al cantar…), algunos tacos al dirigirse a la audiencia con bastante sinceridad (cuando nos halagó soltando «sois la polla»; cuando dijo que el concierto era a las 9.30 para ellos y que lo sentían por los que habían esperado una hora y habían llegado a silbar de protesta; o cuando contó que era la vez que más gente habían tenido en sus bolos de ‘Bilbo’ –igual que dice Leiva- y prometió que a partir de entonces ya la ciudad no faltaría en ninguna de sus 'putas giras'), la banda (sexteto con dos guitarras y dos percusiones, como Leiva pero sin los dos metales), la lírica, la ternura (más creíble que en Dani Martín), el recurso coral, la inflexión vocal, el estilo musical (entre el rock and roll stoniano y 'perezoso' y el soul campero americano pero españolizado y asumido en gradaciones sentimentales), o el reaparecer en el bis para cantar en solitario con la acústica (el líder de Sidecars hizo a solas el -me besó- 'De película' y durante su interpretación un espectador desde el fondo de la sala le chilló «grande Juanchoooo» escapándosele un gallo y emocionando de verdad al interpelado).

El respetable que casi llenó la sala, esta peña entusiasta, calurosa y cantarina, al revés que con anterioridad en el show de Ulysses, generó un factor ambiental que disimuló hasta lo casi imperceptible la cierta línea descendente del repertorio de 17 temas en hora y tres cuartos. Sidecars abrieron inspirados y seguros con 'Fuego cruzado', el soft-rock hispano 'La tormenta' y la urgencia de Pereza con los coros papapá 'Déjalo sangrar'. El alegre Juancho pastoreaba al gentío mixto que coreaba bastantes canciones (llegó a brindar con la gente y muchas copas se alzaron), y alcanzaba más hitos, caso de 'Mundo frágil' (soul nocturno algo Coque Malla), 'Todos mis males' (por la comunión con el respetable), la versión de 'Mi enfermedad' de Los Rodríguez (y entonces pasó por delante de nosotros cantándola el barbado músico getxotarra Dani Merino) o la décima, ‘Chavales de instituto’ (desde su intro bues al riff stoniano).

Pero ya hasta el adiós la cosa se destensó (las largas presentaciones, el disfrutar de la ocasión encima del tablado…), aunque hubo varios chispazos más como su hit ‘Fan de ti’ (totalmente intercambiable con Leiva) o, ya en el bis, el mentado y solanas 'De película' o los coros del público empujando en 'Los amantes'. Muy bien Juancho Sidecars, otro que va a ir hacia arriba y a mucho mejor.

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