Javier Corcobado junto al bajista Sergio Devece.

De la mujer será la victoria

el bafle 11/02/2017 15:22 |0

Ex ídolo tóxico e icono de culto, el indomable Corcobado presentó en quinteto su disco ‘Mujer y victoria’ en La Alhóndiga, frente a su hija de diez años, a la que cantó la novedosa y brasileira ‘Niña preciosita’… ¡de modo cariñoso y sonriente! ¡Ver para creer!

Muchos seguidores con evidente predisposición hacia el artista (aunque una pareja de presuntos fans no hicieron más que hablar a nuestra vera durante la breve, fugaz actuación) se reunieron el viernes en La Alhóndiga, debajo de la piscina, para catar en el ciclo ‘Música bajo el agua’ (a 8 euros la entrada e incluían con la entrada dos bonos para sendas consumiciones, acuáticas o cerveceras, o sea que se podría decir que técnicamente era gratis el bolo), el estreno del álbum ‘Mujer y Victoria’ (Bala, 16), el decimoctavo del cantautor maldito y vate clandestino Javier Corcobado. Escoltado por un quinteto pulcro en el sonido, cuasi estatuario en la postura y extremadamente silente respecto al líder y al respetable, Corcobado en 70 minutos proyectó, eyectó, ejecutó 16 ítems, todos mucho mejores que lo que resultan en disco y mucho más afinados en la entonación vocal.

Contenido no sólo porque en primera fila se hallaban su esposa e hija (a la que compuso y cantó la brasileira ‘Niña preciosita’, y a quien sonrió tierno y cómplice en no pocas ocasiones durante el bolo; ¡ver para creer, Corcobado sonriendo!, rio un fan con pedigrí), dando vueltas al micrófono igual que un vaquero a su lazo, brindando con tinto y usando palabras en euskera («osasuna… ‘maitesuna’ (sic)… eta askatasuna… ardoa…»; ¡que se note que el madrileño nacido en Alemania ahora reside en Errigoiti, en la Bizkaia profunda!), arrodillándose esporádicamente cual soulman en éxtasis esporádicamente (sobre todo al gritar al final de algunas canciones), José Javier Pérez Corcobado (Fráncfort, 1963), ex Mar Otra Vez, Demonios Tus Ojos y Los Chatarreros de Sangre y Cielo, ágil en lo físico y controlador de reojo sobre todo lo que sucedía ante él (por ejemplo quién le disparaba fotos), recitó como los Planetas (‘No odio’) y más allá (‘Mujer y victoria’, con versos del tipo «de la mujer será la victoria / y así la felicidad será más duradera / la libertad será cierta / y gobernará el amor»), hizo blues a su bola (a lo Walkabouts ‘Labios rotos’), se desfondó con psychobilly (espetando vocablos como aerofilia o electrofilia en el tema titulado ‘Apotemnofilia’), reveló su francofilia (‘Sin corazón no hay nada’, el que abre su nuevo álbum), se superó a sí mismo (‘Bienestar’, sobre la senectud), usó la canción autobiográfica (‘El extranjero y su cicatriz’) y versionó a Roberto Carlos (‘Amigo’, con la peña coreando los arreglos y alguna espontánea abriendo desde fuera de La Alhóndiga los cortinones que limitaban el concierto para indagar qué pasaba ahí dentro).

Aparte de las novedades del 18º disco ‘Mujer y vitoria’, rendido al bello sexo él, hubo añadidos como el afrancesamiento de ‘A nadie’ (el de «la luna leucocito de mi sangre / bombilla de los suicidas»).

Más clásicos peculiares (‘La libertad (es la cárcel más grande de todas las cárceles)’, de su era Chatarrera, entre Cohen y Cave -«zer da askatasuna?», inquirió antes de arrancarla-, y ‘Sangre de perro’, amenazador y en espiral), y un único bis, con la ranchera ‘Un mundo raro’, de José Alfredo Jiménez, con más pasión debajo del tablado que casi encima. Buen concierto, muy sobrio y efectivo.

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