La casa de las 22.000 luces de Navidad en Cantabria

04/01/2017 22:40 |0

El pueblo Parbayón es un peregrinar de curiosos que buscan fotografiar la casa de un electricista cántabro. Tres kilómetros y medio de guirnaldas que alegran cada Navidad a los niños (y mayores) de la zona, aunque «el pasado fin de semana hubo cuatro coches siniestrados por pararse a ver la iluminación»

No importa el qué dirán. Ni las especulaciones sobre cuánto gastará. Aún menos los comentarios negativos. «Lo hago porque me gusta». Francisco Cano es, en estos momentos, el vecino de Parbayón, en Cantabria, más famoso. Sobre todo por la noche, cuando adquiere casi la categoría de Rey Mago. Más de 22.000 luces de Navidad decoran el porche de su casa en el barrio El Jurrio. Bueno, el porche, el jardín, los árboles, el garaje, la puerta de casa... Para quedarse a medias, mejor no hacerlo. Este electricista de profesión tiene dos hijos, pero casi le hace más ilusión a él que a sus pequeños, que «ya están acostumbrados. Llevo siete años decorando así la vivienda», explica.

La casa es un espectáculo de colores.

Tres kilómetros y medio de guirnaldas que se ven desde la carretera principal de Parbayón. Un problema para los conductores que, asombrados por tanto derroche de luminosidad, «chocan continuamente. El pasado fin de semana hubo cuatro coches siniestrados», cuenta preocupado Cano, que pide que alguien controle el tráfico.

En el continuo peregrinar de vecinos, turistas y curiosos, -«esto parece Lourdes», dice uno de los paparazzis improvisados-, le han llegado a llamar al telefonillo de casa a las doce de la noche para felicitarle. «Es que es precioso», se apresura a gritar una señora que ha bajado del coche con sus dos nietos. «Es una virguería. Esto no se ve ni en Nueva York», suma otra joven que, a pesar del frío, saca las manos de los bolsillos para grabar un vídeo con el teléfono móvil. «Me gustaría saber lo que paga de luz», comenta uno por lo bajo. Según Cano, su factura «solo sube 50 euros». A cambio, hace amigos y admiradores que ya le animan a poner música el año que viene. «Ya lo había pensado. Me gustaría que sonaran villancicos y que las luces parpadearan al ritmo».

Este cántabro tarda tres días en montar el 'escenario', pero tres meses antes ya comienza a podar. «Mirad qué vistas hay dentro de cualquiera de los árboles iluminados». Algo de Avatar tiene. Ahí dentro hay magia. La de la Navidad.

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