Un árbol de Navidad, con varios regalos.

Los regalos que nunca pedimos

el piscolabis 07/01/2017 13:08 |0

«Una desconocida mano siempre añade y añadirá entre los renglones de la carta que pide sueños, regalos que resultan pesadillas»

Urge crear un 'Día internacional' para él y, si me apuran, que el Papa lo suba a los altares como «San ticket regalo de todos los santos». Patrón de las almas despistadas, receptores complicados y compras del último día. Porque ese invento salva a parejas, familias y hasta evita pataletas infantiles. Además han creado una nueva y habitual conversación, de dos frases, que supera en intensidad al mismísimo final de Blade Runner. La primera es: En la bolsa va el ticket regalo. Y la segunda: Ah, no hace falta. Porque me encanta. La mayor mentira de la Historia de la humanidad. Porque sí hace falta. Y mucho. De hecho extraña que no le hayan dado el Nobel al creador de tamaño invento. Lo de la penicilina parece asunto baladí a su lado. Porque tan difícil es acertar dando, como disimular recibiendo. Regalos, me refiero. Para comprobarlo, basta con salir a la calle y recorrer las tiendas. Hoy es 7 de enero. El 'Día del ticket regalo'.

Pertenezco al grupo de quienes en su día recibieron como regalo de Reyes una flamante guitarra. Y eso que fui incapaz de pasar más allá de primero de solfeo. Pero algo vieron sus majestades, porque me cayó un 6 de enero de hace cuatro décadas. Aún sigue, encima del armario y guardando polvo, en casa de mi madre. Y un servidor pensando que Melchor me conocía bien y llevaba al día el listado de las peticiones. Siempre fue mi Rey favorito. Toda la vida he pensado que el oro es un presente serio, mientras que el incienso y la mirra suenan a detalle comprado con prisas en el último Duty Free tras salir de Oriente. Pero hasta Melchor me falló. Y no solo en esa ocasión, ni exclusivamente a mí. Tengo un amigo que pidió un Scalextric y cuando se levantó y desenvolvió el regalo... no estaba. Era otro. Parecido, pero más chungo. Los coches no solo no eran de carreras. No habrían pasado la ITV. Y, no sé ahora, pero en los años en que ser niña implicaba que a la nena le cayera una muñeca, a cierta vecina le dejaron junto a su zapato de charol una muy especial. Pero no era el Nenuco deseado. Y aún menos la Nancy o la Barbie. Sino una cuya caja rezaba 'Keka'. No era fea. Ahora quizá sea pieza de coleccionista. Pero la vecinita no pensaba lo mismo en aquél lejano año. Si duro fue asimilar el cambio, más le dolió la explicación de los adultos.-Es que esta muñeca era preciosa y la que querías era muy fea-. Que la niña al escucharles pensaba.-Ya, pero era la muñeca fea que yo quería-.

Hablemos ahora de ese regalo que odiábamos pero que caía. Y aún cae. El calzoncillo o las braguitas. Regalo que los Reyes, al igual que el Olentzero o Santa Claus, dejaban preferentemente en casa de abuela o tía. Un misterio ese empeño de ellas por cuidar el estado de nuestra ropa interior. O del que nos acompaña entre sueños. El pijama. Otro clásico que no puede faltar. Lo traían los Reyes, aunque jamás conocí niño o niña que los pidiera en su carta. Pero no acababa aquí. Al abrir el paquete decía tu madre-Éste lo guardamos por si un día tienes que ir al Hospital-. Grandioso. Al final acababa en el armario donde duermen las sábanas de hilo que nunca se usan y una bata materna de seda que jamás se estrenó. Pero tampoco acaba aquí la sección dedicada al «regalo útil». Dentro de este grupo están los calcetines y camisetas. Presentes prácticos que pueden venir acompañados de otros que tampoco pedíamos. Los “educativos”. Aquí el surrealismo siempre era total. Conozco un caso de alguien que tiene manos de cerdo y le trajeron la caja de 'Alfanova cerámica'. Desconocemos cuándo Baltasar, su Rey, pensó que el chaval había nacido para escultor. De hecho tampoco debió hablar con sus padres, que siempre le decían-Pero juega con eso fuera de casa porque la arcilla mancha mucho”.

Pasemos ahora al apartado «me hago mayor y los regalos que no quiero, no solo no desaparecen, aumentan». Todo empieza con la primera colonia. Cada cual tiene una. No hablo de la Chispas o la Old Brown que nos poníamos cuando creíamos que éramos mayores, sino la que usamos hoy en día. Pero nos regalan otra que huele a perfume de señora enjoyada. En el fondo se entiende el fallo. Desde que los anuncios de colonias se parecen a las películas de 'Emannuelle' la gente va despistada. No sabemos si compramos colonia o un revolcón en playa desierta. De hecho, a veces, esa colonia o perfume es el regalo que nace de otro regalo. Sabemos que nos están encasquetando algo que esa persona recibió en su día. Puede ser una colonia, pero también escultura horrorosa, agenda electrónica con el logo de una empresa de embutidos o libro de fotografías raras. También incluimos aquí el típico cuadro que regala un aficionado a la pintura y que no hay dónde colgarlo. Al cuadro, me refiero. Porque a él...Y puestos, no podemos olvidarnos del regalo «¿Por qué no te metes ésto por donde te quepa?». Hablamos de los regalos que reciben, aún hoy, algunas mujeres. Además de machista, es de mal gusto regalar una plancha en Reyes o cumpleaños. Hay otros días a lo largo del año. Vamos, es una opinión.

Y, por supuesto, es clave la edad de la persona. No sea que tenga quince años y le regales el último disco de Fofito. Servidor ha visto cómo bajo el árbol de turno y sobre una zapatilla que demostraba que la criatura ya no era una niña, había un disco de Teresa Rabal. También pasaba con los recortables, los cuentos....Típicos regalos de los amigos de los padres, que creían que cumplir años no iba contigo. A lo que había que sumar el juguete cuyo éxito entre los adultos que escribían cartas pidiendo regalos para los niños nunca faltaba. La «Mélodica de juguete», mezcla de flauta y piano, y, por supuesto, el 'Xilofono'. El primer día hacía gracia. Pero el nene se cansaba en cuanto una de las teclas de hojalata o de madera se soltaba. O cuando los padres se lo escondían hartos ya de ruiditos. Total que pasaban los años, pero la cosa no mejoraba.

Si hay un regalo que generaba y genera dramas es la ropa y los complementos. Conste que lo de las marcas viene de viejo. Por ejemplo, pedíamos un Levi´s etiqueta roja. Y nos llegaban unos 'Grins'. Un año después dejabas claro que querías el Levi´s pero te traían un Wrangler. Las navidades siguientes repetíamos la petición. Daba igual. Podía ser Cimarrón o una marca desconocida más allá del mercadillo del barrio. Pero no era el deseado. Entonces te preguntabas, ¿cuántas marcas hay?, ¿no es más fácil que los Reyes me traigan el vaquero que anhelo y no cuatro de los que no quiero? Lo malo de todo ésto es que nosotros nos acabamos convirtiendo en “malos regaladores” y acabamos pidiendo otra colonia inadecuada o unos juegos de mesa antidiluvianos para el niño que prefiere lo último de Nintendo. En esas estamos algunos. Sobre todo quienes no tenemos hijos, sino sobrinos, y perdemos la referencia. Entonces llega el 7 de enero y recordamos con cariño el ticket salvador que pedimos a los Reyes que incluyeran en la caja. Porque el ser humano es el único que tropieza dos veces en el mismo regalo inadecuado. De ahí mi vehemente petición. Urge nombrar a esta jornada 'Día mundial del ticket regalo'. Ya están tardando.

TEMAS

Recibe nuestras newsletters en tu email

Noticias relacionadas

Lo más

COMENTARIOS

©ELCORREO

Utilizamos “cookies” propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarle publicidad, contenidos y servicios personalizados a través del análisis de su navegación. Si continúa navegando acepta su uso. Más información y cambio de configuración..

x