Un sonriente Txetxu Ugalde.

Agur Txetxu

obituario 08/01/2017 18:51 |0

El periodista bilbaíno ha fallecido esta madrugada a los 56 años tras una larga enfermedad

Gracias Txetxu. Gracias por contestar el teléfono el 31 de diciembre. Gracias por no mandarme a la mierda. Gracias por no colgar, pese a confesar que estabas muy jodido. Porque los dos sabíamos que era el último fin de año en que podríamos felicitarnos. Y porque siempre lo llevaré en la memoria. Pero eso no ha impedido el disgusto y el cabreo al saber que te vas antes de tiempo. A una edad indecente para morirse. De ahí que hoy toda esa gente que conociste, o no conociste pero que entraste en su casa, hayan sentido un disgusto que solo se da por alguien a quien quieres de verdad. «No merezco tal honor» respondiste al saber que íbamos a dedicarte, hace cosa de un año, un 'Bilbaínos con diptongo'. Y sonreímos. Poca gente lo ha merecido más. De hecho, mañana guardaremos en EL CORREO ese espacio para ti y te dedicaremos esa página. No solo porque naciste en San Francisco Javier y eres más de Bilbao que la ría. También, y sobre todo, porque desde que supimos lo que te pasaba nos diste una lección de saber ser y estar. Lo que incluye una valentía que nos dejaba perplejos. Fuiste capaz de sacar fuerzas, entre quimio y quimio, para grabar una felicitación sorpresa para un amigo. O animar a quien tenía una gilipollez de problema. Amigos mutuos que estaban pasando malos tiempos personales o profesionales hablaban cinco minutos contigo comprendían que todo es relativo. Que si viene galerna toca poner buena cara al mal tiempo y pelear por estar vivo al día siguiente. Disfrutando de cada bocanada. De cada instante. O de cada ola. De esas que siempre te ha gustado ver al despertar cada mañana. Demostrando que ser hijo de marino de Bakio otorga amor por el salitre.

Espero que esa mar te la llevaras en la retina, junto a los cariños de Lander, Ignacio y José. Con los que seguías yendo a San Mamés para compartir la vieja liturgia entre padre e hijo, ante algo que siempre nos unió en esta tierra y es asunto de familia. Tu Athletic. No es casualidad que hayas dedicado estos meses tiempo y esfuerzo a tertulias sobre nuestro equipo. Siempre fuiste bueno juzgando los dimes y diretes del balón. Pero estos días sonaban a sentencia. Y supongo que también veías los partidos de la misma manera. Recuerdo que coincidimos al salir de un partido al que fuiste con uno de tus chavales. Y eso nos hizo olvidar el mal trago pasado dentro. «Esto se arregla en el siguiente», proclamaste. Pusiste la misma cara que el día que te dijeron si te atrevías a presentar el tiempo en ETB. «¿Por qué no?», respondiste. Igual que años antes cuando te fuiste a trabajar a 'La Tribuna de Marbella' o a Madrid para darle a la tecla en el 'Marca'. Lugares que dejaste atrás, pese a que pidieron que te quedaras, por volver a tu Bilbao y a tu mar. Y llegaste a Radio Euskadi. Y de ahí a la tele. Un no parar que para sí muchos quisieran. Pero para eso hay que valer. Ya lo contamos en su día y supongo lo harán otros en esta semana de luto y obituario. Dos palabras que odio. Prefiero recuerdo y homenaje. Porque eso queremos para ti. Y que se cuente todo. Incuído que el hombre pequeño de la voz grave tenía mal genio cuando las cosas salían mal o algo le parecía injusto. Educado no significa manso. De ahí que riamos al recordar tus cabreos. O la gracia que le echabas para evitar meter la pata cuando te preguntaban por el tiempo que iba a hacer. «Variable señora», decías con gesto cómplice, la susodicha se iba feliz y tú nunca te equivocabas. Un genio. Llegué a recomendárselo de tu parte al meteorólogo Maldonado y creo que lo utiliza. Porque la vida, precisamente, es eso. Un día variable. Donde cabe de todo. Bien lo sabe Chus. Tu eterna compañera. Otra valiente. Más que tú incluso. Acompañar al que se esta yendo es muy duro. Y solitario, aunque todos estén a tu lado. Por eso toca abrazar a Chus y a tus hijos más que nunca. Cuando has perdido a alguien demasiado pronto sabes lo vacía que se queda una casa. Pero no lloraremos más de lo debido. Lo justo para limpiar los ojos y ver las olas como nunca. Y al hacerlo imaginarte a nuestro lado, como siempre, jodidamente moreno. Como un actor de Hollywood pero con acento del Botxo.

Los lugares son solo bonitos decorados hasta que te recuerdan a alguien. Entonces cobran sentido. De ahí que recordaré a cierto reportero dicharachero cuando contemple San Juan de Gaztelugatxe. Contabas que era tu lugar favorito. Al menos el confesable. Habrá otros que solo conocerá Chus. Y así seguirá siendo. Porque también es bonito dejar secretos cuando uno se va. Cada persona que habló contigo en estos meses de cuenta atrás guarda uno. Todos diferentes. Pero tienen algo en común. Son una lección de vida. Por eso algo me dice que hoy se abrirá más de una botella de txakoli. A poder ser de Bakio. Para brindar por el pequeño gran hombre. El vigilante de las olas. Siempre digo que «agur» no significa adiós. Es un saludo que sirve tanto para recibir como para despedir. Y puede que se deba a que los vascos no sabemos despedirnos. O que, simplemente, no queremos hacerlo. Me lo has escuchado muchas veces, ya lo sé. Pero hoy no se me ocurre ninguna forma de poner el punto final. Porque en realidad ni puedo, ni quiero. Así que seguiremos mirando a las olas desde la orilla intentando hacerlo con tus ojos. Y de esa forma quizá entendamos alguna vez esta puñetera vida. Agur Txetxu. Que tengas buena mar. O al menos, que sea variable.

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