Una mujer espera a subir a la ambulancia para volver a casa.

«Mi abuela esperó cinco horas una ambulancia para ir del hospital a casa»

08/01/2017 16:03 |0

Usuarios del transporte sanitario concertado de Bizkaia y del norte de Álava denuncian las demoras para ir a diálisis, rehabilitación o revisiones médicas

«Mi abuela, de 89 años, tuvo que esperar cinco horas para que una ambulancia la llevara a casa A las 18.37 horas le dieron de alta en el hospital Santa Marina y la ambulancia llegó a las 23.40 horas. Cinco horas de espera para una persona enferma y su acompañante, que en el caso de mi madre es minusválida. No hay derecho». La protesta es de Vanessa Zorrilla, una joven bilbaína del barrio de Zabala que ha puesto en marcha una recogida de firmas en la plataforma virtual ‘Change.org’ para que se mejore el servicio. Su iniciativa ha sido secundada por más de mil personas.

Este caso no es una excepción. Las quejas de los usuarios se suceden. «Últimamente yo también vengo padeciendo el mismo problema. Para cinco minutos de consulta, tengo que esperar dos horas y media a la ambulancia para retornar al domicilio. El Gobierno vasco debería controlar más a la empresa que presta el servicio», dice Óscar Luis De Vega Martínez (Basauri).

El transporte sanitario programado es el que se presta a personas que son dadas de alta y precisan de una ambulancia para ir a su casa. También los utilizan los pacientes que tienen que acudir a los hospitales a revisiones o diferentes tratamientos -rehabilitación o diálisis, entre otros- y no pueden ir por sus propios medios. El servicio lo presta una empresa privada (Ambulancias Bizkaia UTE), mediante un contrato de 18 millones de euros al año.

«Somos seis grupos de trabajo. Antes había 38 empleados en cada uno; ahora no llegamos a 30»

La principal queja de los usuarios son las horas que transcurren desde que salen de su casa para recibir un tratamiento hasta que regresan. Guillermo es un alavés de Llodio. Pese a su juventud, su esposa ha sufrido dos ictus. Cada cierto tiempo acude a rehabilitación en el hospital de Cruces. Él no puede llevarla en coche porque acaban de operarle de la cadera. «Si la sesión es a las 15.30 horas, cuando pedimos la ambulancia decimos que es a las 14.30 porque se suele retrasar y si perdemos la vez, luego tenemos que esperar más. La sesión dura una media hora y vuelta a esperar. Hay veces que hemos vuelto a casa a las siete de la tarde», asegura.

También se quejan de las demoras numerosos pacientes que reciben el alta en los hospitales y para regresar a su casa precisan de ambulancia. «Cuando me operaron de la cadera en el hospital Galdakao, estuve siete horas aguardando la ambulancia», añade el vecino de Llodio.

18

millones de euros al año cuesta el transporte sanitario programado para toda Bizkaia y para la comarca alavesa de Ayala.

160

ambulancias dan el servicio que gestiona la unión temporal de empresas Ambulancias Bizkaia.

340

empleados trabajan en las ambulancias programadas.

Isabel es una vecina de Basauri que hace unos días llevo a su padre al dermatólogo al hospital de día de Galdakao para que le quitaran un pequeño quiste. El paciente, totalmente dependiente, tuvo que esperar horas para regresar a casa. «Estoy indignada: estaba sin comer, había que cambiarle el pañal y, al no haber estado ingresado, nadie nos atendía. Es totalmente inhumano», dice sin ocultar su indignación.

Óscar vive en Orduña. Es un enfermo renal que acude a diálisis a Galdakao. Va y viene en ambulancia. Se toma las esperas con resignación. «No tengo otra cosa que hacer», dice no sin ironía este septuagenario. Mientras espera a que llegue el transporte, se brinda a ofrecer su visión. «El problema no es tanto esperar a que llegue, como la vuelta que da. Hay veces que vamos por Okendo. A esto se añade, un segundo problema. A veces hay que subir a alguien a su casa, y no hay quien lo haga porque el chófer va solo. Entonces hay que llamar a algún familiar y aguardar a que llegue. En fin...».

«Esto no es un taxi»

La conversación a la puerta del hospital se anima. A Rosa le acaban de dar el alta de una operación de tobillo. Vuelve a su casa de Ugao de lo más contenta. No ha tenido que esperar demasiado, así que dice a los otros pacientes con los que va a compartir transporte que «debéis entender que esto no es como un taxi, que viene en cuanto le llamas. Es un transporte colectivo y, claro, se organizan unas rutas. El del último pueblo, sale perdiendo».

¿Es ese el problema? Los trabajadores de las ambulancias tienen otra visión. «Estamos a tope porque falta personal. Somos seis grupos de trabajo. Hace unos años, cada uno de ellos estaba formado por no menos de 38 personas; ahora en ninguno se llega a 30», asegura un empleado que prefiere no identificarse.

Esta versión es corroborada por los sindicatos que, desde hace meses, vienen denunciando las «precarias» condiciones en las que deben llevar a los pacientes desde sus casas hasta los centros médicos, y viceversa. La zona adscrita al hospital San Eloy, en Barakaldo, es una de las rutas que más problemas les generan debido a la proliferación de edificios sin ascensor.

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